Más allá de la región | Ecuador inspira a la juventud a proteger la biodiversidad
Con el apoyo de Pequeñas Subvenciones de IKI, el programa alemán de acción local para el clima y la biodiversidad, el Instituto Nacional de Biodiversidad (INABIO) de Ecuador lanzó un programa piloto de educación práctica sobre biodiversidad en 13 escuelas.
Los estudiantes se centraron en documentar la biodiversidad y plantear preguntas científicas sobre sus ecosistemas locales. © INABIO
Gracias a su integración en el currículo nacional de Ecuador, lo que comenzó como una pequeña iniciativa ya llegó a más de mil escuelas de todo el país. El proyecto demuestra que, cuando se cuenta con la confianza y la financiación necesarias, una educación con liderazgo local y adaptada a cada contexto puede poner en marcha un cambio sistémico duradero en todo el país.
Un proyecto con raíces en las aulas
En Ecuador, una de las zonas críticas para la biodiversidad mundial, está en curso una transformación nacional en educación ambiental. Con el apoyo de Pequeñas Subvenciones de IKI, el Instituto Nacional de Biodiversidad (INABIO) de Ecuador ayudó a liderar un nuevo enfoque para la enseñanza de la biodiversidad que ahora llega a escuelas de todo el país. Comenzó en solo trece escuelas. INABIO, a través de un proyecto piloto apoyado por Pequeñas Subvenciones de IKI, se propuso integrar la biodiversidad, el cambio climático y la gestión de recursos en el aprendizaje cotidiano del estudiantado. Pero en lugar de llegar con un programa de estudios prefabricado, comenzaron por observar. “No llegamos con una solución”, afirma Diego Inclán, director del INABIO. “En la primera etapa visitamos las escuelas y aprendimos de la comunidad. Me refiero al profesorado, los niños y niñas y sus progenitores. Comprendimos qué sienten y necesitan y luego desarrollamos juntos las herramientas.
Aprender a ver lo que ya estaba ahí
El primer paso fue reavivar la percepción. En muchas escuelas urbanas se evitaba hablar de biodiversidad o era algo desconocido. El equipo de INABIO invitó al alumnado a explorar su entorno, a menudo por primera vez. Con el uso de teléfonos inteligentes y la aplicación iNaturalist, que forma parte de un proyecto de ciencia ciudadana para la observación de la naturaleza, los niños y niñas documentaron arañas, pájaros o insectos de los que nunca se habían percatado en los patios de sus escuelas. “Algunas escuelas no son nada verdes”, explica Diego. “Pero salimos a buscar señales de biodiversidad. Y entonces empezaron a darse cuenta de que existe biodiversidad ahí fuera, aun si está escondida.
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